¿Quién iba a creer que una comunidad campesina, indígena y agrícola iba a necesitar reforestación? Pero así es y por eso el Club Ecológico Toyota (TEC), que agrupa a propietarios y seguidores de Toyota Prius, estuvo el pasado fin de semana allí en su segunda jornada de reforestación del 2011. Esta vez se sembraron 600 árboles en una alianza entre campesinos indígenas y socios del TEC.
Para llegar a la comunidad Espiga de Oro, partiendo desde Quito, entramos por el sur este de la ciudad de Cayamabe. Para que usted se ubique, por el parque y lago al ingreso de la ciudad. A los 5 minutos de la subida ya desaparecen las casas de tejitas rojas y el adoquín de la vía. Comienza un paisaje muy verdoso que se extiende como hacia el cielo.
Allí nos esperaban Lucho Farinango, un activo y creativo dirigente de la comunidad y además guía de montaña. Y con él, los dirigentes de cinco comunidades y una treintena de habitantes de este lugar de ensueño. Y ellos tenían varios mensajes. El primero: En estas tierras se han cultivado miles de árboles de eucalipto y pino que han hecho mucho daño. Han secado la tierra pues un solo árbol de eucalipto consume más de 20 litros de agua al día. Su raíces son poderosas y se extienden por muchos metros acabando con lagunas, canales de agua y todo a su paso. La tierra a los pies de un eucalipto se vuelve ácida y no sirve para nada más...
Por eso, con el apoyo del andinista Pepe Jijón, esta comunidad comenzó el cambio. Se inició la siembra de alisos, una especie amigable con la naturaleza. Se sembrarán más de 2 500 plantas en varias mingas. Cada familia se hará cargo de un grupo de árboles para garantizar que sobrevivan, dijo Jijón.
40 socios del Club Ecológico Toyota se integraron con las familias de Espiga de Oro y juntos recorrieron ese paisaje acompañados de un sol brillante y un viento fresco, llegando a la escuela de Espiga de Oro, que esta a 4.200 metros a nivel del mar y a unos 15 kilómetro del volcán Cayambe.
Niños, madres y padres de familia los recibieron. Esperaban la llegada para demostrar que la unión es la única forma de salir adelante. Para mostrar, como dice Luis, que la unión es la única forma de salir adelante y de proteger al planeta. En los alrededores de la escuela también se sembraron alisos. Indígenas y citadinos se unían en esta tarea.
Pero no fue solo sembrar árboles. Fue entender la dureza del trabajo en el campo, los cambios que están afectando y una lección de la montaña: hay que dar para recibir.
Por eso el almuerzo fue otra sorpresa. Un grupo de madres preparó un delicioso hornado con todo lo que la madre tierra nos da, dijo una de ellas.
Reunidos en el salón de la comunidad, no se cansaron en agradecer al taita Inti y a la madre tierra por todo lo que nos da, pero a la vez llamaron la atención porque en la ciudad no se sabe cuidar esos regalos. Ustedes abren la llave y sale el chorro de agua y la desperdician. Aquí en el páramo esa agua se forma gota a gota y una lluvia nos ayuda solo unos días. Por eso nosotros no desperdiciamos, fue el último mensaje de Lucho.
El Club Ecológico Toyota ya había realizado la primera volverá a esta comunidad. Es parte de nuestro plan ambiental del año, que comenzó con la siembra de cerca de 30 mil árboles en el Ilaló, a finales de enero, dentro del programa Pichincha Verde, en asocio con el Consejo Provincial de Pichincha.